sábado, 28 de marzo de 2009
déjalo ir
Agacho un poco la cabeza, pero por tan solo un instante... vivo el miedo, así, intenso. Las puertas se cierran, los vidrios rotos en el suelo vuelven tus pasos sigilosos para no herir; gritos que nacen y que se estremecen de la propia quietud... se hacen oir fuertemente, para luego callar. Fragmentos en el tiempo se quiebran como un cristal. Una mano te adormece y te venda los ojos. Tiemblas. Se abalanza un frio por al espalda, te abraza y se deja caer hacia tus pies. El soplo helado se extiende y desaparece por completo. Comienzo a alzar la vista... se va... se fue. No vuelve a ti. Se vive intenso, pero por solo un instante. Lo tomé, y lo dejé ir... sonrio...
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Es como el retrato textual del segundo en el que mueves la cabeza justo en el momento en que te despides de alguien. Ese último momento, el último nstante, cuando ya la discución se acabó, todo concluye y no hay nada que decir. Se terminó, bajas la cabeza y, sin querer, simplemente se termina. Lo perpetúas.
ResponderEliminarEsa sensación me dio.
Un gusto volver a verte en el ciberespacio :)